martes, 9 de enero de 2018

ESDRAS

NOMBRE a los hombres y mujeres verdaderamente grandes de su tiempo. Seguramente le vendrán a la mente celebridades, incluyendo a los políticos, héroes de guerra, figuras del deporte, y quizá a sus padres y a sus amigos especiales. Los recuerda por ciertas acciones o cualidades de carácter. Ahora, nombre algunos héroes bíblicos, figuras grabada en su vida por medio de innumerables sermones y lecciones bíblicas. Sin duda, esta lista incluye a muchos que sirvieron a Dios con fidelidad y valor. ¿Incluye su lista a Esdras? Lejos de ser muy conocido, este hombre de Dios poco promocionado merece aparecer en cualquier análisis de grandezas.

Esdras fue un sacerdote, un escriba y un gran líder. Su nombre significa «ayuda», y dedicó toda su vida a servir a Dios y al pueblo de Dios. La tradición dice que Esdras escribió la mayor parte de 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías y el Salmo 119, y que encabezó el concilio de ciento veinte hombres que formaron el canon del Antiguo Testamento. Centra la narración del libro de Esdras en torno a Dios y su promesa de que los judíos regresarían a su tierra, como lo prometió por medio de Jeremías (véase la nota de 1.1). Este mensaje fue el corazón de la vida de Esdras. La última mitad del libro nos da una visión personal de Esdras. Su conocimiento de las Escrituras y su sabiduría dada por Dios eran tan obvios para el rey, que lo designó para que liderara la segunda emigración a Jerusalén, para enseñar la Palabra de Dios al pueblo y para administrar la vida nacional (7.14-26).

Esdras no sólo conocía la Palabra de Dios, sino que creía en ella y la obedecía. Al informarse del pecado de los israelitas de casarse con mujeres paganas y adorar ídolos, Esdras se humilló delante de Dios y oró por la nación (9.1-15). La desobediencia del pueblo lo tocó profundamente (10.1). Su respuesta ayudó a guiar al pueblo de regreso a Dios.

El segundo libro de Crónicas termina cuando Ciro, rey de Persia, pide voluntarios para que regresen a Jerusalén para construir una casa para Dios. Esdras continúa este relato (1.1-3 es casi idéntico a 2 Cr_36:22-23) cuando dos caravanas del pueblo de Dios regresan a Jerusalén. Se unen a Zorobabel, el líder de este primer viaje, aproximadamente 42,360 peregrinos que viajan de regreso a casa (capítulo 2). Después de haber llegado, comienzan a construir el altar y los cimientos del templo (capítulo 3). Pero surge la oposición de los habitantes locales y el proyecto se ve interrumpido temporalmente por una campaña de acusaciones y rumores (capítulo 4). Durante este tiempo, los profetas Hageo y Zacarías alientan al pueblo (capítulo 5). Finalmente, Darío decreta que la obra debe proseguir sin obstáculos (capítulo 6).

Después de un intervalo de cincuenta y ocho años, Esdras guía a un grupo de judíos desde Persia. Armado con decretos y la autoridad dada por Artajerjes I, la tarea de Esdras era administrar los asuntos de la tierra (capítulos 7 y 8). Al llegar, Esdras se entera que el pueblo de Dios se ha mezclado con tribus paganas vecinas. Llora y ora por la nación (capítulo 9). El ejemplo que Esdras da al confesar humildemente su pecado, lleva a un avivamiento nacional (capítulo 10). Esdras, un hombre de Dios y un verdadero héroe, fue un modelo para Israel, y ahora es un buen modelo para nosotros.


Lea Esdras, el libro, y recuerde a Esdras, el hombre: un ayudante humilde y obediente. Comprométase a servir a Dios como él lo hizo, con su vida entera.

NEHEMIAS

«¡LO QUE esta iglesia necesita es...!» «No puedo creer lo que hacen nuestros funcionarios del gobierno. ¡Si estuviera en su lugar, yo haría...!» «Nuestras escuelas andan mal. ¡Alguien debería hacer algo!»

Es fácil analizar, escudriñar, y hablar acerca de los problemas del mundo. Abundan los criticones, los quejumbrosos, los que se han nombrado a sí mismos profetas y «capitanes araña». Sin embargo, lo que en realidad necesitamos son personas que no sólo discutan una situación, ¡sino que hagan algo al respecto!

Nehemías vio un problema y se afligió. En vez de quejarse y revolcarse en la autocompasión y en el sufrimiento, actuó. Nehemías sabía que Dios quería que motivara a los judíos para que reconstruyeran los muros de Jerusalén, por lo tanto dejó una posición de responsabilidad en el gobierno persa para hacer lo que Dios quería. Nehemías sabía que Dios utilizaría sus talentos para conseguir que se realizara el trabajo. Desde el momento que llegó a Jerusalén, todos supieron quien era el jefe. Organizó, administró, supervisó, alentó, se enfrentó a la oposición, confrontó la injusticia, y se mantuvo así hasta que se construyeron los muros. Nehemías era un hombre de acción.

Al comienzo de la historia, Nehemías estaba hablando con compañeros judíos. Estos le informaban que los muros y las puertas de Jerusalén estaban deteriorados. Eran noticias preocupantes, y la reconstrucción de aquellos muros se convirtió en la carga de Nehemías. En el momento adecuado, Nehemías pidió al rey Artajerjes permiso para ir a Jerusalén a reconstruir esos muros caídos. El rey aceptó.

Armado de cartas del rey, Nehemías viajó a Jerusalén. Organizó al pueblo en grupos y le asignó secciones específicas del muro (capítulo 3). Sin embargo, el proyecto de construcción tuvo oposición. Sanbalat, Tobías y otros trataron de detener la obra a través de insultos, ridiculizaciones, amenazas y sabotaje. Algunos de los trabajadores tuvieron miedo, otros se hastiaron. En cada caso, Nehemías empleó una estrategia para frustrar a sus enemigos: oración, aliento, guardas de seguridad, consolidación (capítulo 4). Sin embargo surgió un problema diferente: un problema interno. Los judíos ricos estaban aprovechándose del compromiso solemne de sus trabajadores compatriotas. Al escuchar acerca de su opresión y avaricia, Nehemías confrontó a los extorsionadores (capítulo 5). Cuando casi estaban terminados los muros, Sanbalat, Tobías y compañía trataron de detener por última vez a Nehemías. Sin embargo este se mantuvo firme, y el muro se terminó en sólo cincuenta y dos días. Cuán grandioso monumento al amor y la fidelidad de Dios. Tanto los amigos como los enemigos supieron que Dios había ayudado (capítulo 6).

Después de construir los muros, Nehemías continuó organizando al pueblo, realizó un censo y nombró guardias de las puertas, levitas y a otros funcionarios (capítulo 7). Esdras guió a la nación en la alabanza y en la instrucción bíblica (capítulos 8, 9). Esto llevó a una reafirmación de fe y a un avivamiento religioso en donde el pueblo prometió servir con fidelidad a Dios (capítulos 10, 11).


Nehemías finaliza con una lista de los clanes y sus líderes, con la dedicación de un nuevo muro en Jerusalén y la purgación del pecado del país (capítulos 12, 13). Cuando lea este libro, observe a Nehemías en acción, y determine ser una persona de la cual Dios puede depender para actuar por él en el mundo.

ESTER

DRAMA, poder, romance, intriga. Estos son los ingredientes de las novelas mejor vendidas. Pero lejos de ser una obra moderna de ficción, estas palabras describen una historia real, vivida y escrita hace muchos siglos. Más que una lectura de entretenimiento, es una historia de la profunda interacción de la soberanía de Dios con la voluntad humana. Dios preparó el lugar y la oportunidad, y su gente, Ester y Mardoqueo, decidieron actuar. El libro de Ester comienza cuando la reina Vasti se niega a obedecer una orden de su esposo, el rey Asuero. Por lo tanto es desterrada y comienza la búsqueda de una nueva reina. El rey emitió un decreto para reunir a todas las mujeres hermosas del imperio y traerlas al harem real. Ester, una joven judía, es una de las escogidas para estar en el harem real. El rey Asuero quedó tan impresionado con Ester que la hizo su reina.

Mientras tanto, Mardoqueo, el primo hermano y padre de crianza de Ester, llegó a ser empleado del gobierno, y durante el ejercicio de su cargo frustró un complot de asesinato. Pero el ambicioso y egoísta Amán es designado como segundo en poder en el imperio. Cuando Mardoqueo se niega a inclinarse ante él, Amán se enfurece y decide destruir a Mardoqueo y a todos los judíos junto con él.

Para llevar a cabo su venganza, engaña al rey y lo persuade para que emita un edicto en el que condene a los judíos a muerte. Mardoqueo le cuenta a la reina Ester acerca del edicto, y ella arriesga su vida para salvar a su pueblo. Ester pide al rey Asuero y a Amán que sean sus invitados en un banquete. Durante la fiesta, el rey pregunta a Ester qué es lo que en realidad quiere y le promete cualquier cosa que pida. Ester simplemente los invita a los dos a otro banquete al día siguiente.

Esa noche el rey, al no poder dormir, revisa algunos registros de los archivos reales y lee acerca del complot de asesinato que Mardoqueo había frustrado. Sorprendido al saber que Mardoqueo nunca había sido recompensado por su acción, el rey le pregunta a Amán sobre la forma correcta de recompensar a un héroe. Amán piensa que el rey está hablando de él y por lo tanto describe una recompensa espléndida. El rey acepta, pero para sorpresa y absoluta humillación de Amán, se entera de que Mardoqueo es la persona que debe ser honrada así.

Durante el segundo banquete, el rey pregunta una vez más a Ester qué es lo que ella desea. Entonces Ester contesta diciendo que alguien ha planeado destruirla a ella y a su pueblo y nombra a Amán como el culpable. Inmediatamente el rey sentencia a Amán a morir en la horca que este había construido para Mardoqueo.

En el acto final de este drama de la vida real, a Mardoqueo se le asigna el puesto de Amán y se le garantiza a los judíos protección a todo lo largo de la tierra. Para celebrar esta ocasión histórica, se establece la Fiesta de Purim.

Debido al acto valeroso de Ester, se salvó una nación entera. Al ver la oportunidad que Dios le daba, ¡la aprovechó! Su vida marcó una diferencia. Lea Ester y observe a Dios obrando en su vida. Quizá lo haya preparado a usted para actuar «para esta hora» (4.14).